Sexualidad en el adulto mayor

Por Juan Luis Alvarez-Gayou Jurgenson / sexoterapeuta
Uno de los mitos más diseminados respecto a la sexualidad, y que por cierto puede hacer infelices a muchas mujeres y hombres, es el de que venimos al mundo con una "dosis" determinada de capacidad sexual. Ello hace pensar a muchas y muchos que es necesario administrar, es decir "no abusar", de la sexualidad con el objeto de que no se agote.

Nada más falso que esta concepción. Con la capacidad de funcionamiento sexual sucede algo similar que con la condición física: la constancia y la frecuencia de actividad mantienen al individuo en mejor forma. Es decir, en materia de sexualidad, las investigaciones serias han demostrado que mientras más temprano se inicia la actividad y ésta se realiza con mayor frecuencia, la capacidad sexual se mantendrá por más tiempo y en mejores condiciones, tanto en mujeres como en hombres.

Por otro lado, tenemos la muy generalizada creencia de que la mujer al presentar la menopausia pierde interés, deseo o capacidad sexual. La menopausia es un fenómeno que aparece naturalmente en la mujer, por lo general alrededor de los cuarenta años de edad, y consiste en que sus periodos menstruales o "reglas" dejan de presentarse. Ello por cambios hormonales que lo único que conllevan es que la mujer deja de producir óvulos y por ende ya no es reproductiva. Pero recordemos que la sexualidad es mucho más que la simple reproducción; el deseo sexual y la capacidad de funcionar y disfrutar las relaciones sexuales permanece. El único problema que puede presentarse es que la disminución de las hormonas, conocidas como estrógenos, puede inducir cambios en la mucosa vaginal, lo que la hacen rígida y puede disminuir la lubricación durante la excitación. Sin embargo, cualquier mujer en esta edad puede ser atendida preventivamente por su médico, de tal modo que, estos cambios no se produzcan y mantenga una vida sexual plena y satisfactoria sin importar su edad.

Sin embargo, como todo fenómeno biológico, la menopausia puede presentar variaciones muy interesantes. Se conocen casos de mujeres que la han presentado antes de los 20 años. Raras veces se presenta después de los 55 años pero se ha reportado el caso de una mujer que a los 104 años seguía presentando menstruaciones regulares.

Otro mito muy difundido, en este caso respecto al hombre, es el de la existencia de una especie de "menopausia masculina" a la que incluso se le ha llamado "andropausia" o "climaterio masculino". Es cierto que en el hombre, la edad produce cambios en su funcionamiento sexual, pero a diferencia de la mujer no suele perder su capacidad reproductiva y ésta se conserva hasta edades muy avanzadas. De lo que se deduce lo absurdo de las burlonas e incrédulas sonrisas cuando un hombre mayor o anciano se convierte en padre. En el fundamental estudio de A. Kinsey, éste encontró el caso de un hombre de raza negra de 88 años que sostenía relaciones sexuales regularmente con su esposa de 90 años.

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Otros cambios reales en el hombre son que las erecciones pueden ser menos firmes, que la cantidad de semen que se eyacula es menor y que hay mayor tardanza en responder a un nuevo estímulo. Sin embargo, ninguno de estos factores es igual a la creencia popular de una "pérdida" de capacidad y tampoco hacen pensar que el disfrute sea menor en el hombre mayor. Incluso la edad en que aparecen estos cambios puede variar enormemente y no se puede establecer.

Además existen ventajas, puesto que se sabe que diminuye la "urgencia orgásmica" en el hombre mayor y ello, muchas veces, los convierte en menos acelerados, más dedicados a las caricias y a la ternura que suele ser más satisfactoria para un número importante de mujeres; quienes consideran a los hombres mayores como mejores amantes.

En cuanto a parejas de ancianos, Kinsey encontró hombres que practicaban relaciones sexuales una vez por semana a los 65 años, un grupo en el que individuos de 75 años tenían relaciones una vez por mes y otro que a los 80 años de edad las practicaban cada nueve o diez semanas. Sin duda el "campeón" en ésta investigación fue el caso de un hombre que a los 70 años de edad presentaba ¡más de siete eyaculaciones por semana! Ante todo esto ¿por qué seguimos pensando que las mujeres y los hombres de mayor edad ya no pueden tener actividad sexual?

La respuesta se encuentra, en primer lugar, en una ideología judeo-cristiana que nos enseña, y por tanto obliga, a vincular la sexualidad con la reproducción y nos impide reconocer la posibilidad de una sexualidad placentera y creativa en los ancianos; ello provoca, en segundo término, que la sociedad en general niegue e incluso condene cualquier intento de actividad sexual en cualquier hombre o mujer viejos, los ridiculice e incluso los limite tal y como sucede en muchos asilos para ancianos o cuando los hijos condenan a la Madre o Padre viudos que desean establecer una nueva pareja.

La mujer y el hombre añosos tienen una sexualidad, deseos y capacidad para ejercerla, además en ellos (y conste que todos tenemos altas probabilidades de formar parte de este grupo) la sexualidad puede significar una excelsa forma para revalorizarse, sentir optimismo y ejercer intensos sentimientos como la ternura, el entusiasmo y el amor. Todo ello los hará dejar de sentirse como inútiles que sólo esperan la muerte y recuperar algo que con frecuencia han perdido: ¡el entusiasmo por la vida!

¡HOLA!

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